Pues ya está.
Otra que nos cuelan.
Han recortado la vigilancia en las Columbretes y se han quedado tan anchos.
Dicen que es “reorganización de efectivos”.
Ya, claro.
Como cuando te quitan el médico del pueblo y te dicen que es para “mejorar la atención”.
Total, que hay días en los que no hay ni un alma allí.
Ni un guarda, ni una lancha, ni nada.
Y eso en la reserva marina más importante que tenemos.
El orgullo de Castellón, la joyita del Mediterráneo, el sitio del que todo el mundo presume pero nadie cuida.
Lo de siempre: Castellón puede esperar
Esto ya no sorprende a nadie.
Aquí los recortes caen como la lluvia: cada año, un poco más.
Primero fueron los trenes, luego la sanidad, ahora el mar.
Y lo más gracioso es que siempre te lo venden como una mejora.
Una “reorganización”.
Una “optimización de recursos”.
Tienen más maneras de decir “recorte” que de arreglar las cosas.
Y claro, Castellón no sale en la tele.
Sí, tenemos aeropuerto internacional, aunque más parece un recordatorio de lo que pudo ser y no fue.
Y las Columbretes están demasiado lejos para que algún ministro se moleste en ir.
Así que, nada, se quedan sin vigilancia y a nadie le quita el sueño.
El mar no vota
El mar no protesta, no monta manifestaciones, no da titulares.
Por eso pueden recortar tranquilos.
Pero si hablas con los que trabajan en el puerto o con los que bucean allí, te dirán que esto no es ninguna tontería.
Sin vigilancia, entran barcos donde no deben, se pesca lo que está prohibido y nadie se entera.
Y cuando las especies desaparezcan, vendrán con un estudio diciendo que “algo ha fallado en el ecosistema”.
Sí, lo que ha fallado es la gente que cobra por protegerlo y no está.
Los de la pancarta
El otro día se juntó un grupo en Castellón con una pancarta que decía “Protejamos Columbretes”.
No eran muchos, pero les bastaba la mala leche para llenar la plaza.
Nadie del Gobierno bajó, claro.
Estaban ocupados en alguna rueda de prensa hablando de sostenibilidad, seguro.
Esa palabra que ya suena vacía de tanto usarla.
Y no se trata solo de las islas, se trata del respeto.
De mirar un trozo de mar y pensar: “Eso es nuestro, y hay que cuidarlo”.
Pero parece que aquí lo único que se cuida son los discursos.
Ecologismo de despacho
A veces da la sensación de que el medio ambiente solo existe en los powerpoints.
Proteger Columbretes no es ponerse un pin verde ni publicar un tuit el Día del Medio Ambiente.
Es pagar sueldos, mantener barcos, tener a alguien allí vigilando.
Pero eso cuesta dinero, y el dinero se va a otras cosas más “visibles”.
O más rentables.
Y así va todo: se apaga el faro, se queda la isla sola y el mar hace lo que puede.
Resiste, porque el mar siempre resiste.
Hasta que un día no pueda más, y entonces ya será tarde.
Lo que jode de verdad
No es solo que recorten.
Es que ya ni lo disimulan.
Te lo sueltan con una sonrisa, como si te hicieran un favor.
Y lo peor es que ya ni nos sorprende.
Nos hemos acostumbrado a que Castellón siempre sea el rincón que se olvida, el que no suena, el que no molesta.
Pero el mar no olvida.
Y cuando devuelva la factura, la pagaremos todos.
¿Y tú qué piensas?
¿Que exageramos, o que ya va siendo hora de que alguien se plante y diga “basta”?
Porque si seguimos tragando, un día hasta el mar se cansará de esperarnos.
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