Esto no va de “informática”: va de liarte el día a día
Imagina la escena: son las diez de la noche, has bajado la persiana, te sientas agotado y, mientras cenas algo rápido, lees en el móvil que Verifactu será obligatorio para empresas y autónomos a partir de 2026.
No sabes exactamente qué es, pero lo hueles de lejos:
otra norma nueva, más miedo a meter la pata y la sensación de que, si fallas, la multa sí llegará puntual y sin errores.
En resumen: Verifactu es el plan de la Agencia Tributaria para que tu programa de facturación deje de ser solo tu herramienta y se convierta también en una ventana directa para Hacienda. Las facturas ya no son solo “tuyas”: tienen que cumplir un formato técnico, dejar rastro y, en muchos casos, mandar información casi en tiempo real.
Sobre el papel suena muy moderno.
En la vida real, para el autónomo de a pie, suena a otro marrón.
¿Qué narices es Verifactu, explicado como a un vecino?
Vamos a lo básico.
Verifactu es un sistema que obliga a que, si usas un software para facturar, ese software:
-
Genere un registro de facturación cada vez que emites una factura o ticket.
-
Asegure que ese registro es inalterable: nada de borrar sin dejar huella.
-
Y si eliges la modalidad “estrella” (VERI*FACTU), mande esos registros a Hacienda casi al momento.
Además, hay un calendario de implantación y unas fechas que no perdonan:
sociedades antes, autónomos justo después, con 2026 como horizonte de “ya no hay excusas”.
Y un matiz que ha dado guerra:
la obligación se centra en quienes usan software de facturación como tal.
Si sigues con facturas manuales o plantillas básicas, de momento vas algo “por libre”. Pero el mensaje de fondo es claro: Hacienda quiere que todo pase por sistemas controlados.
La idea resumida para el ciudadano normal es esta:
cada vez que facturas, queda una huella digital pensada para que Hacienda pueda seguirte el rastro mucho mejor que antes.
El problema burocrático: el caos perfectamente organizado
Hasta aquí, podrías pensar: “Bueno, si es contra el fraude, no suena tan mal”.
El problema aparece cuando bajas al barro.
Lo que se percibe desde fuera es:
-
Normas redactadas en jerga técnica: reglamentos, anexos, especificaciones, requisitos del “Sistema Informático de Facturación”.
-
Cambios y aclaraciones constantes: BOE hoy, nota aclaratoria mañana, documento de preguntas frecuentes pasado mañana.
-
Mensajes contradictorios: hay quien escucha que “todos” necesitan Verifactu, otros que “no, solo si usas software”, otros que Excel muere, otros que no.
Resultado: incertidumbre.
No porque la gente quiera defraudar, sino porque nadie tiene tiempo de estudiar un máster en fiscalidad digital mientras intenta sacar el negocio adelante.
Para rematar, Hacienda saca su propia herramienta gratuita de facturación. Muy bien:
“Si quieres algo sencillo y cumpliendo la norma, usa lo mío.”
Pero entonces asaltan las dudas:
-
¿Y si ya tengo un programa que funciona de lujo con mi TPV y mi tienda online?
-
¿Quién paga la migración, las integraciones y las horas perdidas aprendiendo el sistema nuevo?
-
¿De verdad quiero que toda mi facturación dependa del software de Hacienda?
Y al fondo, siempre presente, la amenaza de sanciones serias para quienes usen programas que no se adapten o permitan “trucar” las cuentas.
Aunque nunca te multen, solo el ruido ya genera miedo y parálisis.
Consecuencias para el negocio: la letra pequeña que pagas tú
Olvida el discurso oficial de “transformación digital”.
Si eres autónomo o pyme, lo que te importa es:
¿Cuánto me cuesta esto, cuánto tiempo me quita y qué pasa si algo falla?
1. Costes de adaptación
Si hoy usas un programita básico, o facturas casi a mano, te encontrarás con algo así:
-
Cambiar a un software homologado, con su cuota mensual, su instalación y su migración.
-
O cruzar los dedos para que tu proveedor actual se ponga las pilas, sin dispararte el precio.
-
O pasarte a la herramienta gratuita de Hacienda, renunciando a funciones que quizá sí necesitabas.
En todos los casos hay algo claro:
el coste de esta fiesta no lo paga la Administración, lo pagas tú.
2. Riesgo de multas y errores técnicos
Con Verifactu:
-
Cada factura o ticket se refleja en un registro técnico.
-
Ese registro puede acabar en los servidores de Hacienda en cuestión de segundos.
-
Si el sistema falla, si hay cortes de conexión, si la integración está mal hecha… el lío puede ser tuyo igualmente.
La sensación es la de siempre:
la responsabilidad es tuya, pero el control lo tienen otros.
3. Más carga administrativa y técnica
Antes, tu obligación era relativamente clara:
emitir facturas, guardarlas y declararlas.
Ahora:
-
Tienes que preocuparte de que tu software esté bien configurado.
-
Vigilar que los envíos automáticos no dan errores.
-
Entender avisos de “integridad”, “firma”, “hash” y demás maravillas.
-
Coordinarte con tu gestoría, que también está intentando ponerse al día mientras apaga fuegos de otros clientes.
En resumen: menos tiempo para producir, servir, vender o atender.
Más tiempo mirando pantallas y correos que empiezan con “Con motivo de la entrada en vigor del sistema Verifactu…”.
Ejemplos prácticos: así te puede salpicar en el día a día
Aquí es donde la cosa baja de los papeles al mostrador.
Ejemplo 1: la peluquería o el taller que tiene que cambiar de programa
Una peluquería pequeña o un taller mecánico suele tener:
-
Un TPV sencillo.
-
Un sistema básico para hacer facturas o incluso alguna chapuza con Excel.
Con Verifactu, si usan de verdad software de facturación, llega el momento de:
-
Elegir un programa adaptado, pagarlo y aprender a usarlo.
-
Migrar datos de clientes, históricos, plantillas.
-
Asumir que la informática se ha comido un trozo más de su jornada.
Ni el corte de pelo ni la mano de obra del taller se pagan solos.
Ese coste nuevo, tarde o temprano, irá a precios o a recortes por otro lado.
Ejemplo 2: el pequeño ecommerce bajo el foco del “Big Data fiscal”
Una tienda online ya vive rodeada de plataformas, pagos y herramientas varias.
Con Verifactu, su software de facturación:
-
Tiene que crear registros para cada venta con datos muy concretos.
-
Debe gestionar sello temporal, integridad, estructura…
-
Y enviar esos datos a Hacienda con un nivel de detalle que acerca su negocio al “Big Data fiscal”.
Hacienda gana una foto mucho más precisa de lo que vendes, cuándo y cómo.
Tú ganas:
-
Más puntos donde algo puede fallar.
-
Más dependencia de terceros.
-
Y la necesidad de tener, al menos, alguien que entienda lo que pone la pantalla cuando salta un error.
Ejemplo 3: el consumidor que paga la fiesta sin saberlo
Aunque parezca que esto solo afecta a “los de Hacienda y los de los papeles”, el que acaba pagando es el de siempre: el cliente final.
-
El bar que invierte en software sube, tarde o temprano, el precio del almuerzo.
-
El taller con más gastos de gestión no baja precisamente la factura de la revisión.
-
La clínica, la farmacia o el dentista que tiene que rehacer su sistema no recorta precisamente en alquiler.
Y además del precio, está el tiempo:
-
El profesional dedica más rato a la pantalla, al sistema, al aviso raro…
-
Y menos a atender, servir o resolver problemas de verdad.
Ejemplo 4: el restaurante y el ticket mal hecho
Aquí viene un caso muy de la vida real: el restaurante que se equivoca con un ticket.
Antes, si el camarero se confundía, muchas veces se “borraba el ticket” y pista.
Con Verifactu, eso se acabó.
La lógica del sistema es:
-
No se borra nada.
Si emites un ticket y está mal, ese ticket queda registrado. Existe en el sistema. -
Si el ticket no vale para nada (te has equivocado de mesa, has duplicado la cuenta, has cobrado algo que no tocaba), lo correcto es una anulación.
El programa genera un registro que neutraliza el ticket original y luego se emite un ticket nuevo bien hecho. -
Si el ticket es válido pero tiene un error en importes o datos (una caña de más, un IVA mal aplicado), entonces no toca borrar: toca factura rectificativa.
Es otra factura, con su propio número, que corrige a la anterior y deja claro qué ha pasado.
El camarero, en teoría, solo ve botones tipo “anular ticket” o “rectificar”.
Pero por debajo, el sistema va acumulando rastro: ticket original, anulación, rectificativa, nuevo ticket…
Si en tu restaurante se anulan tickets a lo loco todo el día, igual solo es desorden, pero desde fuera puede parecer un patrón raro.
La conclusión para el dueño es clara:
-
Tu TPV tiene que estar bien adaptado a Verifactu.
-
Tu personal debe saber qué botón tocar cuando se equivoca.
-
Y tú tienes que asumir que cada error deja huella, ya no se arregla borrando y haciendo como si nunca hubiera pasado.
Conclusión: digitalizar no debería ser sinónimo de vigilarte
La idea oficial es bonita:
menos fraude, más transparencia, más modernidad.
El problema es que, una vez más, se diseña todo pensando en el que hace trampas, y se obliga a pasar por el aro tecnológico al que ya cumple y va ahogado de tiempo y de dinero.
Si eres autónomo o llevas una pyme, lo mínimo que puedes hacer es:
-
Hablar con tu gestoría y pedir que te expliquen, con nombres y apellidos, qué implica Verifactu en tu caso.
-
Revisar qué software usas y exigir a tu proveedor una adaptación en condiciones, por escrito y con plazos.
-
Entender que, aunque haya máquinas, la responsabilidad ante Hacienda sigue siendo tuya, no del programa.
La digitalización puede ayudar, sí.
Pero cuando se impone a golpe de decreto, con plazos ajustados y bajo amenaza de sanción, lo que se siente no es “progreso”, sino una mezcla de vigilancia, miedo a fallar y tiempo perdido en burocracia digital.
Lo que viene a decir Verifactu, al final, es algo bastante crudo:
Hacienda no va a confiar más en ti porque uses su sistema.
Pero sí va a saber mucho más de ti, mucho más rápido.
Y ante eso, la única defensa razonable es estar informado, tomar decisiones con cabeza… y no tragarte sin pensar cada “avance tecnológico” que viene envuelto en la palabra mágica de siempre: obligatorio.
Comparte este artículo
