Corría el 28 de octubre de 1917. Europa llevaba ya tres años sumida en la Gran Guerra, y el Mediterráneo, aunque menos sangriento que el Atlántico Norte, no era ajeno al rugido de los torpedos. En esas aguas navegaba el S. S. Ferrona, un vapor británico de acero construido apenas tres años antes en los astilleros Short Brothers Ltd. de Sunderland. Tenía todo para ser considerado un coloso del mar: 121 metros de eslora, 4590 toneladas y una potente máquina de vapor de triple expansión que le permitía avanzar a unos 9 nudos.
Ese día, el Ferrona iba en lastre (sin carga), desde Marsella hacia Gibraltar, siguiendo una ruta común para buques mercantes. Pero no iba solo en el horizonte. Al acecho, y en silencio, lo seguía el U-64, un submarino alemán comandado por el teniente Robert Moraht, uno de los oficiales más experimentados de la Kaiserliche Marine.
A unas 7 millas náuticas al noreste del puerto de Valencia, el U-64 emergió brevemente y disparó. El torpedo impactó con precisión mortal. El vapor británico, aunque de gran porte, no tenía defensa ante semejante ataque. En pocos minutos, comenzó a escorarse y hundirse, mientras la tripulación trataba de salvar lo que podía. Uno de sus fogoneros no tuvo la misma suerte que el resto: murió en el acto, siendo la única víctima mortal registrada. Los demás fueron rescatados más tarde.
El olvido y el redescubrimiento
Tras su hundimiento, el Ferrona quedó sumido en el silencio durante décadas. Reposaba a unos 50-60 metros de profundidad, en posición de navegación, casi como si aún esperara órdenes para zarpar. La proa apuntando al sur, dos chimeneas imponentes aún erguidas, y una estructura bien conservada lo mantuvieron como un secreto solo accesible para quienes se atrevían a descender hasta él.
Durante mucho tiempo, su identidad fue objeto de debate entre buceadores locales. Algunos lo llamaban simplemente “el pecio profundo de Valencia”, hasta que en una inmersión se localizó una placa metálica con el nombre original del barco, y ahí se despejaron las dudas: era el S. S. Ferrona.
Un testimonio de guerra bajo el mar
El hallazgo del Ferrona no solo aportó un nuevo punto de interés para el buceo técnico en la costa valenciana, sino que también rescató una página olvidada de la historia. Su existencia fue confirmada por registros navales británicos y por las memorias del propio comandante del U-64, quien anotó en su diario el hundimiento del Ferrona como parte de sus patrullas en el Mediterráneo occidental.
Hoy, el pecio del Ferrona es considerado parte del Patrimonio Cultural Subacuático de la Comunidad Valenciana. Sin embargo, no está exento de riesgos. Su relativa accesibilidad (para buzos técnicos) lo ha hecho vulnerable al expolio, por lo que muchos expertos piden una mayor protección oficial.
¿Se puede visitar?
Sí, pero no es una inmersión cualquiera. Los 50 metros de profundidad exigen preparación, planificación y equipo adecuado. Algunos centros especializados en la Comunidad Valenciana organizan inmersiones técnicas al Ferrona, pero solo para buceadores con experiencia en buceo profundo y mezclas de gases.
El legado del Ferrona
Hoy, más de un siglo después de su hundimiento, el Ferrona sigue ahí, cubierto parcialmente por sedimentos y colonizado por vida marina. Es un esqueleto de acero que habla, que recuerda que el Mediterráneo también fue escenario de guerra, de tragedias y de supervivencia.
Y cada vez que un buceador desciende hacia sus restos, no solo ve un barco hundido: ve una historia que sobrevivió al silencio del mar.
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